|
| Buenos Aires, la meca de
músicos de otros países |
| Ritmos locales seducen a
los artistas |
|
Llegan para aprender bandoneón, charango y música
popular argentina
Varios se afincaron aquí y participan del circuito
artístico |
|
 |
|
La música
puede producir extrañas pasiones, como que una holandesa y un
alemán viajen miles de kilómetros para conocer el tango y
descubran el amor de su vida. La historia de los bailarines de
tango Ricardo y Nicole, una de las más famosas parejas del
ambiente que se conocieron el mismo día en que llegaron a la
ciudad buscando el Hotel Victoria que menciona el tango, no es
la única. Hay otras historias de músicos inmigrantes
fascinados con el tango y el folklore y que encuentran en
Buenos Aires su lugar en el mundo.
. Charango oriental
. Mari Sano
tiene la risa fácil, aunque la suya suena nerviosa, como si
intentara esconder la timidez. Vive en un hotelito de
Congreso, pero no mira al barrio con ojos de turista ni
rasguea su charango con la misma timidez de su risita.
. Toma té de
arroz. No hay saquitos ni granos a la vista sino un sobrecito
que parece de edulcorante. Tienen una inscripción en la
etiqueta que sólo puede traducir alguien que hable japonés.
Seguramente, el té vino del Japón, en alguno de sus tantos
viajes.
. "Anduve
mucho porque mi padre trabajaba con importaciones y
exportaciones -explica-. Entre los 4 y los 8 viví en México;
entre los 10 y los 15, en Buenos Aires, y luego en España",
dice esta charanguista y cantante de 31 abriles.
. Durante su
estada en la Argentina cursó en un colegio japonés. Allí
conoció a una profesora boliviana de música que le enseñó a
tocar el charango. "Eramos unos cien chicos los que
aprendíamos. Y la primera vez que lo vi a Jaime Torres me
emocioné muchísimo", recuerda.
. También
dice que aquí se sintió discriminada. "A finales de los
setenta y principios de los ochenta no era una buena época
para los orientales. Encima, cuando volví a Japón me
consideraban argentina." Por eso se volcó al rock, cantaba y
tocaba bajo y guitarra: "Pero un día, cuando estaba por subir
al escenario, se rompió el teclado de la banda, agarré el
charango y con eso sorprendí".
. Con
charango y guitarra, Mari hace giras en su país de 150
conciertos. Quiere volver, pero todavía no tiene fecha porque
durante los últimos años se abrieron muchas puertas. Tocó en
Bolivia y en varias peñas del Festival de Cosquín, grabó
acompañada por músicos argentinos "Parque latino", un disco
que define como new age y que tiene algunas canciones (en
japonés, por supuesto). Además, está trabajando sobre un
material de música celta con el grupo Axouxeres, con quien se
presentó todos los viernes de julio en la Peña del Abasto.
. "Hacia el
verano quiero participar en el festival pre-Cosquín, y tengo
que ir a Taiwan para grabar la música de una película
animada". Además, desea viajar a Canadá a lanzar su disco
porque, según dice, "allá hay muchas editoras de música new
age". Se ve que el charango llegó a sus manos como algo
inevitable, y que el olfato para los negocios lo heredó de su
papá.
. De tierra de
mariachis
. Javier
Sepúlveda, nació en un pueblo mexicano del Estado de Veracruz
llamado Minatitlán (tierra de flechadores, en idioma nahuatl).
En ese mundo tan distante de zambas salteñas, milongas
pampeanas y aires cuyanos, donde el tiempo se mata a tequila y
rancheras, Javier se enamoró de la música folklórica
argentina. "Hace 20 años que toco música latinoamericana, pero
sobre todo argentina. Conozco la obra de autores, los
distintos movimientos, los grupos vocales, los grandes
intérpretes, porque escuché muchos discos y a través de las
letras me imaginaba los paisajes, la manera de sentir de la
gente, así que hace rato tenía ganas de conocer y vivir acá",
dice este aerofonista, de 39 años, que hace un año está
radicado en esta capital.
. "Recuerdo
que llegué solamente con dos números de teléfono en el
bolsillo y nada más. Los primeros días me la pasaba caminando
y vivía en una pensión. Tuve suerte y poco a poco fui
enganchando y conociendo a gente que admiraba y con la que
nunca pensé que iba a terminar tocando", dice. Enseguida
agrega: "Me encanta el folklore de acá, la buena cantidad de
músicos que hay y la gran actividad cultural comparada con
México", cuenta entusiasmado este instrumentista, que
actualmente se reparte entre sus clases de aerófonos, su
participación en el coro de Sadaic y en el grupo Cosecha de
Agosto, con el que comenzará a grabar un disco.
. Antes de
llegar a esta ciudad, Javier comenzó un sinuoso recorrido. "Mi
abuelo era mariachi y mi padre sabía cómo era esa vida, así
que no quería que eso me pasara a mí. Quería que estudiara
algo formal como mis hermanos. Así que me fui de casa para
estudiar a la Escuela Nacional de Música en el DF. Fue mi
primer viaje", recuerda. Pero fue un episodio de la infancia
lo que decidió su destino. "A los 11 años vi por la tele a Los
Chaskis que hacían música andina. Yo lo mire a mi viejo y le
dije que quería hacer eso. Después vino al pueblo un grupo que
formaba talleres de música latinoamericana y me pasó cosas de
la música argentina: Los Huanca Hua, José Larralde, Mercedes
Sosa, Los Tucu Tucu...", enumera.
. En la
capital mexicana tocó con artistas regionales, después
consiguió un trabajo en un crucero durante cuatro años donde
tocaba desde "El cóndor pasa" hasta música judía, desembocó en
Bélgica y, finalmente, terminó en Buenos Aires. "Siempre tenía
la idea de venir a conocer más a fondo la música de acá.
Estaba entre Venezuela, Chile y la Argentina. A los otros dos
los descarté por problemas sociales; además, acá tenía una
cita pendiente con una chica, así que no lo pensé mucho. Ahora
estoy como desarraigado de México. Siempre dije que nací en el
lugar equivocado, quizás acá encontré mi lugar en el mundo."
. De Alemania a San
Cristóbal
. Entre los
integrantes de la Orquesta Escuela, que ensaya en el barrio de
Almagro, hay un nombre que llama la atención. Winni
Holzenkamp, es contrabajista, tiene 31 años y una familia
numerosa: su mujer, Cordula, y los pequeños hijos, Joschka y
Lioba. Estudiaba en el conservatorio de música clásica de
Colonia (Alemania) cuando un día escuchó el tango "moderno" de
Astor Piazzolla y empezó a fantasear con venir a Buenos Aires.
"Hace cinco años comencé a tocar música de Piazzolla en un
local que estaba al lado del conservatorio donde también
hacíamos jazz y música kletzmer. Tenía ganas de vivir en el
extranjero, quería aprender otro idioma además de inglés, así
que se me ocurrió que podía venir para especializarme en
tango."
. Cuando
terminó los estudios a fin de año consiguió una beca y se
trasladó con toda su familia al barrio de San Cristóbal.
"Quería estar cerca de la Escuela de Música Popular
Avellaneda, pero como estaba tomada no me pude anotar."
Alguien le avisó que estaban haciendo pruebas para músicos
jóvenes de tango y ahora es la "atracción" de la orquesta, que
dirige Emilio Balcarce. "Mi idea era quedarme un año, pero
ahora que ingresé en la orquesta se abren otras posibilidades,
como grabar un disco y hacer una gira", dice.
. Los
pequeños gatean por la sala de ensayo, uno de ellos ya está
aprendiendo a hablar en español. "Venir con los chicos fue
bueno porque la gente se acerca más -cuenta Winni-; comenzamos
a charlar con los otros padres y así pudimos hacer algunos
amigos." Su mujer todavía no está convencida del destino que
eligió su compañero, pero lo apoya: "Era importante que
vengamos todos porque él tenía que estar un tiempo si quiere
aprender el tango auténtico".
. Todavía
Winni y familia no tienen fecha de regreso a Colonia. El
contrabajista no quiere marcharse hasta volver con algunos
secretos. "A la gente de acá le llama la atención que un
alemán toque tangos, aunque para tocar bien tanguero falta.
Cuando sólo tocas las notas no dices nada. Lo importante es el
sentimiento. Viviendo un tiempo acá por ahí logro eso."
. Made in La Habana
. La tonada
cubana y alegre de ron contrasta con la seriedad del género
tanguero que adoptó como nueva lengua materna. Sin embargo,
Pedro Pablo Pedroso siempre se encargó de hacer cosas
diferentes de las que marcaba su entorno. Su abuela lo ayudó.
"Ella nos anotó en la escuela de música para que no tuviéramos
que cumplir las jornadas de campo que se hacían en las otras
escuelas", cuenta.
. Pedro, a
diferencia de sus dos hermanas, eligió el violín. Nunca fue
muy estudioso, pero logró entrar en la Filarmónica de Cuba.
Tampoco le gustaba la música tradicional, pero tocaba en un
trío repertorio para turistas. "Trabajábamos en un hotel,
donde también estaba Compay Segundo, él andaba por las mesas
tocando su Chan-Chan por un dólar, y ya era una joyita",
cuenta.
. Por esa
época era el más rockero del barrio El Vedado. "Yo estaba en
contacto con algunos argentinos que se habían ido a vivir por
allá y nos hacían escuchar Seru Giran, Spinetta..." En esa
época el músico comenzó a tomar contacto con un costado de la
cultura argentina. "En La Habana siempre hubo una relación con
lo porteño. Cualquier película argentina por más mala que
fuera la íbamos a ver. Para nosotros Eliseo Subiela era una
especie de Godard, y Fito Páez, una suerte de Stevie Wonder",
se ríe.
. Igual lo
primero que impulso al violinista a pensar en Buenos Aires,
como su nuevo país, no fue ni la música ni la cultura. "Vine
tras una mujer", confiesa. Para sobrevivir, el violinista
comenzó a tocar en una banda de mariachis con la que ganó sus
primeros 50 pesos. Después ingresó en el grupo Vale 4. "Ahora
vamos a debutar en Hollywood, porque Robert Duvall nos filmó
para una película. ¿Te lo imaginas chico?"
. Pero antes
tuvo que aprender bastante de la música ciudadana. "Mi peor
experiencia fue cuando en medio de "La Yumba" me olvidé el
solo, que en mi país sería como olvidarse la letra de
"Guantanamera". Fue demoledor, pero sobreviví." Ahora, con 29
años, integra la orquesta El Arranque, tiene un dúo de música
electrónica, sigue en la Juan de Dios Filiberto y piensa: "No
me puede ir mejor con el tango. Me dio todos mis amigos y
ahora sólo falta que un viaje a Japón me permita comprar la
casa. Por el momento, no puedo volver a Cuba y uno tiene que
tener un lugar en el planeta. Me quedo con Buenos Aires".
. Gabriel Plaza
Con la colaboración de: Mauro Apicella
.
|
|
 |
siguiente >>
siguiente >>
|
 |
|
| http://www.lanacion.com.ar/01/08/07/ds_325655.asp |
| LA NACION |
07/08/2001 | Página 01 |
Espectáculos |
|